CABO CAÑAVERAL / OCÉANO PACÍFICO. – La humanidad ha vuelto a mirar a la Luna no como un destino lejano, sino como un territorio conquistable. La misión Artemis II, la primera prueba tripulada del programa lunar de la NASA y la CSA, ha concluido con un éxito rotundo, marcando el regreso de nuestra especie a las proximidades de otro cuerpo celeste tras más de 50 años de ausencia.
El rugido inicial: Un despegue perfecto
Todo comenzó el pasado 1 de abril de 2026 en el Centro Espacial Kennedy. El colosal cohete SLS (Space Launch System) iluminó el cielo de Florida, impulsando la cápsula Orion con una fuerza de casi 4 millones de kilos de empuje. A bordo, cuatro pioneros iniciaron el viaje: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen.
Durante las primeras 24 horas, la nave permaneció en una órbita terrestre elíptica alta. El objetivo era crítico: comprobar que los sistemas de soporte vital, los de comunicación y las capacidades de maniobra funcionaban a la perfección antes de abandonar definitivamente la protección del campo magnético terrestre.
El salto al abismo: Rumbo a la cara oculta
Una vez verificado el estado de la nave, la Orion encendió su motor principal para realizar la inyección translunar. Durante cinco días de trayecto, la tripulación convivió en un espacio similar al de una furgoneta pequeña, enfrentándose a niveles de radiación nunca antes experimentados por astronautas modernos y realizando experimentos biológicos en microgravedad.
El punto álgido se alcanzó al llegar a la Luna. Siguiendo una trayectoria de retorno libre, la nave utilizó la gravedad lunar para impulsarse de vuelta a casa sin necesidad de encender motores adicionales. Durante este «vuelo rasante», los astronautas pasaron por la cara oculta de la Luna, perdiendo contacto por radio con la Tierra durante varios minutos. En ese silencio absoluto, capturaron imágenes de una resolución sin precedentes de los cráteres lunares y del icónico momento en que la Tierra «sale» tras el horizonte del satélite.
Récord de distancia y ciencia en ruta
Artemis II no solo ha sido un viaje de ida y vuelta. La misión ha establecido un nuevo récord de distancia para una nave diseñada para humanos, alejándose más de 400.000 kilómetros de nuestro planeta.
Durante el viaje de regreso, los especialistas Koch y Hansen realizaron pruebas de transmisión de datos mediante láser, una tecnología que permitirá en el futuro enviar vídeo en alta definición desde la superficie de Marte. Además, la tripulación monitorizó el comportamiento del escudo térmico y la navegación autónoma, piezas clave para la supervivencia en el espacio profundo.
El regreso: Un impacto a 40.000 km/h
La fase final fue un despliegue de física extrema. La cápsula Orion reentró en la atmósfera terrestre a una velocidad de 11 kilómetros por segundo. El escudo térmico tuvo que soportar temperaturas cercanas a los 2.700 °C, creando una bola de fuego visible desde varios puntos del Pacífico.
Tras una secuencia perfecta de despliegue de paracaídas, la nave amerizó suavemente en las costas de Baja California. Con la recuperación de los astronautas por parte de la Marina de los EE. UU., se confirma que el camino para Artemis III —la misión que finalmente pondrá un pie humano en el Polo Sur lunar— está totalmente despejado.
Balance de la misión
- Duración total: 10 días, 8 horas y 37 minutos.
- Hitos alcanzados: Primera mujer y primera persona negra en salir de la órbita terrestre baja; primer canadiense en el espacio profundo.
- Próximo paso: Preparativos para el alunizaje tripulado en 2027.
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